Uno de los primeros ejercicios de descentralización en el país fue el partido político Acción Democrática.
Probablemente bajo el condicionamiento derivado de
la persecución política de los regimenes militares de las décadas de los 40 y
50, la organización política producto de la generación del 28 opto por la
descentralización operativa de sus equipos como modo de subsistencia. Al igual
que los Padres Fundadores de la
democracia Norte Americana, los nuestros
optaron por incorporar valores que aunque contrarios a su visión ideológica
reforzaban su pragmatismo político en aras de la supervivencia. El hecho histórico
de que un partido político clandestino tuviera el crecimiento exponencial y el
impacto nacional, con su líder principal en el exilio, dice mucho de la
eficiencia de la delegación de funciones y contrapesos que son indispensables
en cualquier organización moderna.
Parados en este hecho histórico, producto del
instinto por subsistir, se puede ver a la descentralización como la hija
directa de un estado de necesidad natural.
Es fácil de aquí en adelante entender la cadena de
circunstancias que llevan a estos alborotadores del año 28 a la transformación
del país.
Movidos por un ideario modernizador, y a pesar de
sus apetencias y caprichos personales, estos revolucionarios fundan una
democracia representativa que a su vez pone a prueba sus liderazgos.
De ahí, el hecho histórico de la entrega del poder y
del retiro del partido de gobierno de Rómulo Betancourt. Al mejor estilo de
George Washington, y en la cúspide de su carrera política, decide dirigirse a
la reserva moral y política de su país en un ejercicio inequívoco de principios
y valores. Un demócrata.
Mucho más tarde, y gracias a esta chispa, se inicia
la descentralización en Venezuela; mas como una moda que como un proyecto de
país. Poco a poco se van viendo los resultados de una democracia incipiente,
que va por lejos atrás en desventaja de la nación que promovió como modelo de
cambio y modernidad. Nace el Petro-estado y se retrocede al poder central.
Siempre en vaivén con los precios del petróleo. Cuando recibimos menos dinero
avanzamos mas hacia la modernidad… cuando nos inundan las arcas con el
petrodólar retrocedemos hasta coquetear con la barbaridad. Y al mismo tiempo,
entre esas dos tendencias, avanzamos lentamente. Las soluciones distributivas
han fracasado, las creativas están en marcha. La Teoría de Adam Smith de la división del trabajo
sigue viva.