C.Wright Mills, en el capítulo La Promesa de su libro La Imaginación Sociológica; hace no solo una fotografía de ese hombre corriente y su incapacidad para entender y contextualizar su vida propia en un mundo que no entiende y por ende no es capaz de influenciar para su propio beneficio, si no que además –y partiendo de ese punto- nos introduce en la imaginación sociológica como elemento que al poseerlo nos permite comprender el escenario histórico que nos dé pie para guiarnos en la vida. Por añadidura, también, nos invita a convertirnos en analistas sociales desde la perspectiva de la inevitabilidad de la ciencia social como referente para el entendimiento y desarrollo del ser humano, demoliendo a su vez los falsos profetas sociales que apartándose del modelo clásico han sucumbido en la burocratización y segmentación, entre otras prácticas, de la usanza original y natural de la sociología.
La forma de describir al individuo contemporáneo en su entorno, y al mismo tiempo, y de manera poco velada, vincularlo con sus propias realidades como sujeto activo y capaz de hacerlas cambiar invita al lector hacerse no solo parte del análisis social, si no que despierta la conciencia individual con argumentos que ese hombre corriente al cual pertenecemos vive día a día. Sin precisar lugares geográficos ni cifras estadísticas C. Wright Mills nos ubica en temas tan validos hoy y ayer como la guerra o el desempleo y los vincula con otros menos importantes o superficiales para hacernos entender la perspectiva individual o colectiva de lo que puede ser un problema, una inquietud o el pánico.
Identificada la imaginación social como cualidad mental natural de nuestra vida cultural, el autor analiza la falta de uso por parte de sus colegas y el abandono de esta escuela clásica por un afán que se mueve entre la moda del pensamiento y la utilidad circunstancial que muchos le dan a la ciencia social. Segmentándola, sub utilizándola, e inclusive degradándola, la ciencia social, en manos de los estadísticos y mercado tecnócratas, ha sucumbido en una suerte de herramienta para resolver fragmentos confusos de las realidades en las que viven los hombres. Esto último parte de la destrucción o relegación de la literatura como base en que se fundamenta la ciencia y el espíritu humano. La crítica abierta que C. Wright Mills hace busca también una afrenta, un reto y propone para esto el rescate o creación de un denominador común que nos permita revertir si no detener esa ciencia que se erige como dueña de todas las verdades y creadora de ellas.
La objetividad con que el autor aborda el tema muestra claramente la decadencia intelectual de este, nuestro tiempo moderno. Lo demoledor de los falsos paradigmas que se dejan leer en esta obra nos invita a la reflexión del ser como persona y no como mero objeto de una historia que cuentan unos pocos. El ser humano se ha visto impelido por su propia naturaleza contra la pared del miedo y la inercia. Hoy en día vemos como todos nuestros héroes están muertos o están matándose. La sociología o los que pretendemos convertirnos o desarrollarnos aun mas como actores y evaluadores sociales estamos obligados actuar. La buena noticia es que vista la época en que fue escrito el texto, nos dice que siempre estamos a tiempo. O no?