Llegue a Madrid un 20 de marzo de 2010 procedente de Caracas, Venezuela. No era la primera vez que estaba en Europa ni tampoco la primera en la península. Pero como sabemos todos los emigrantes: no es lo mismo salir hacer turismo que emigrar. A veces incluso se puede llegar a pensar que haber viajado, como tuve la suerte de hacerlo por muchos años, antes de ir a vivir a otro país es una ventaja. Quizás te de algún conocimiento extra, como aquel que estudia medicina muchos años, pero no tiene nada que ver con la primera realidad de la práctica. Eso de prepararse se aprecia mucho más adelante.
Suelo
y recomiendo anualmente dejar por escrito en algún diario o red social como es
mi caso; algún pequeño testimonio y recuerdo si es posible grafico de esos
aniversarios autoimpuestos. Es interesante porque a manera de registro estadístico,
pero sobre todo de recuerdo muy emocional te permite ver quien eras, quien eres
y quien quieres ser. Suena muy existencial, pero en la practica me ha servido
para afianzar mucho más allá de mis convicciones el carácter de mi persona y mi
lugar en el mundo. El Alberto que paseaba en marzo de 2010 por la Cuesta de San
Vicente, hablaba de su país natal como en futuro cercano. El mismo Alberto 12
años después habla de Venezuela como un futuro por construir que esta todo el
tiempo presente y que se combina con cada lugar donde nos encontramos los
venezolanos.
He
descubierto, por ejemplo, que hay pueblos en Madrid de menos de 300 habitantes como
La Serna del Monte, El Atazar o en los alrededores de Lozoya donde vive un solo
venezolano. ¡Hay que ir a visitarlos porque viven en zonas muy frías de campo y
son unos valientes… procedentes de San Cristóbal o Mérida sin duda alguna! Y
hay que ponerse en esos zapatos o mejor dicho ponerse esas alpargatas para entender
el gran reto que puede ser emigrar. No es lo mismo deambular soñando despierto
por los alrededores de Los Jardines de Sabatini, donde en un golpe de nostalgia
te puedes dar “un brinquito”, como decía mi mama, a una arepera del centro de
Madrid concurrida por muchos coterráneos; que vivir alejado, aun con internet,
en zonas muy rudas.
Por eso no renuncio a
la idea de llegar a tener una autocaravana y viajar por toda España visitando a
venezolanos allá donde viven, desde las grandes capitales hasta los pueblos y
aldeas apartados de estas tierras de La Mancha, de cuyo nombre Si quiero acordarme.