domingo, 20 de marzo de 2022

12 años en España

 Llegue a Madrid un 20 de marzo de 2010 procedente de Caracas, Venezuela. No era la primera vez que estaba en Europa ni tampoco la primera en la península. Pero como sabemos todos los emigrantes: no es lo mismo salir hacer turismo que emigrar. A veces incluso se puede llegar a pensar que haber viajado, como tuve la suerte de hacerlo por muchos años, antes de ir a vivir a otro país es una ventaja. Quizás te de algún conocimiento extra, como aquel que estudia medicina muchos años, pero no tiene nada que ver con la primera realidad de la práctica. Eso de prepararse se aprecia mucho más adelante.

Suelo y recomiendo anualmente dejar por escrito en algún diario o red social como es mi caso; algún pequeño testimonio y recuerdo si es posible grafico de esos aniversarios autoimpuestos. Es interesante porque a manera de registro estadístico, pero sobre todo de recuerdo muy emocional te permite ver quien eras, quien eres y quien quieres ser. Suena muy existencial, pero en la practica me ha servido para afianzar mucho más allá de mis convicciones el carácter de mi persona y mi lugar en el mundo. El Alberto que paseaba en marzo de 2010 por la Cuesta de San Vicente, hablaba de su país natal como en futuro cercano. El mismo Alberto 12 años después habla de Venezuela como un futuro por construir que esta todo el tiempo presente y que se combina con cada lugar donde nos encontramos los venezolanos.

He descubierto, por ejemplo, que hay pueblos en Madrid de menos de 300 habitantes como La Serna del Monte, El Atazar o en los alrededores de Lozoya donde vive un solo venezolano. ¡Hay que ir a visitarlos porque viven en zonas muy frías de campo y son unos valientes… procedentes de San Cristóbal o Mérida sin duda alguna! Y hay que ponerse en esos zapatos o mejor dicho ponerse esas alpargatas para entender el gran reto que puede ser emigrar. No es lo mismo deambular soñando despierto por los alrededores de Los Jardines de Sabatini, donde en un golpe de nostalgia te puedes dar “un brinquito”, como decía mi mama, a una arepera del centro de Madrid concurrida por muchos coterráneos; que vivir alejado, aun con internet, en zonas muy rudas.   

Por eso no renuncio a la idea de llegar a tener una autocaravana y viajar por toda España visitando a venezolanos allá donde viven, desde las grandes capitales hasta los pueblos y aldeas apartados de estas tierras de La Mancha, de cuyo nombre Si quiero acordarme.