domingo, 29 de mayo de 2022

La Fé del Venezolano

 La fe mueve montañas, rezaba el eslogan del sketch cómico famoso de Radio Rochela; y remataba: pero hay que pagar. Y así nos reíamos de una caracterización de las creencias populares venezolanas. De sus ambigüedades y del vivismo o picaresca local. Pero justo los que disfrutaban riendo con esos personajes eran los que también, y en su inmensa mayoría, profesaban una ferviente fe por sus creencias en su casi totalidad católica cristiana.

Y creo firmemente que el ejercicio de la fe en Venezuela ha tenido ese tono tolerante y abierto que ha permitido su práctica casi unánime. Muy por el contrario que en otras latitudes de Latinoamérica, la iglesia en nuestro país ha sido amplia en sus planteamientos y no ha impuesto dogmas ni obediencias inútiles. Se acercó al pueblo llano y trabajo las necesidades de los más desfavorecidos en sus raíces. De hecho, es probable que los mejores estudios y propuestas para solucionar los problemas sociales del país, o por lo menos mitigarlos, se estén realizando en el seno de los centros universitarios y de pensamiento ligados a la iglesia católica.

Pero el ejercicio de la fe del común de a pie va mucho más allá. Las venezolanas, sobre todo, pero cada vez más los varones también practican desde su visión propia y con sus propias imágenes y costumbres sus creencias religiosas. Y más ampliamente aun es la interiorización de estas prácticas en su día a día. En sus valores para afrontar las adversidades y como no las celebraciones. La inspiración de lucha y sacrificio no viene de libros de autoayuda, sino de los valores recibidos en casa por parte de padres y abuelas, tíos, la familia. Y esa es la verdadera educación, la necesaria, la que solo se complementa con los estudios, pero nunca viceversa. Es por eso por lo que, aunque existan muchas críticas al respecto, los venezolanos hemos renunciado a la posibilidad de matarnos entre nosotros en una guerra entre hermanos, fratricida, para “solucionar” nuestros problemas. Quizás muy largo sea el camino de la fe para llegar a feliz término, pero una sociedad creyente con principios de esperanza se niega a transitar el camino más rápido y de heridas que durarían para siempre.  

Es por eso por lo que millones de penitentes venezolanos han decidido resistir y sobrevivir en el país, mientras otros tantos más escogieron el no menos doloroso éxodo. Todos al mismo tiempo conscientes de su destino, del motivo de tamaña empresa. O como pude leer en el pueblo vasco de Guernica: “El territorio habrá sido conquistado, al alma del pueblo, no. No lo será jamás” José Antonio Aguirre. Y eso, señoras y señores míos, es la Fe, y se llama integridad, coraje, valor, principios con los cuales deberían estar formados nuestro lideres. Pero el pueblo no espera y llegado el momento, si es que este no ha llegado y comenzado aun, superará todas las barreras y vencerá sus miedos y dificultades contra viento y marea con un solo objetivo: vivir en libertad en su tierra.

Ayer, en mis periplos sabatinos por la sierra de Madrid, subía a su pico mas alto de Peñalara en una excelente caminata en medio de un día diáfano. Subía, como digo, porque nunca hablamos de bajar, de descender. Así somos. Y en mi limitada fe, completaba los 2.428 metros de altitud pensando que mi fe no mueve montañas, así que hay que pagar. Y la forma de pago es subir, las montañas, para probarme a mí mismo lo que supongo o de lo que presumo. Un pequeño y humilde acto de fe. Y ya en la cumbre pensaba en esas palabras de Mandela que me permito parafrasear aquí: “Hemos recorrido un largo camino hacia la libertad. Hemos intentado no titubear. Hemos dado pasos en falso en nuestro recorrido, pero hemos descubierto el gran secreto. Tras subir a una colina, descubrimos que hay muchas más colinas detrás. Nos hemos concedido aquí un momento de reposo, para lanzar una mirada hacia el glorioso panorama que nos rodea, para volver la vista atrás hacia el trecho que hemos recorrido. Pero solo podemos descansar un instante, ya que la libertad trae consigo responsabilidades y no nos atrevemos a quedarnos rezagados. Nuestro largo camino aún no ha terminado”.