Dentro de este último mes me he visto envuelto, como afectado en la última y como ayudante en la primera, en sendas catástrofes naturales que están afectando a mi Madrid adoptiva por una parte y a mi natal Venezuela por la otra. Ambas producto de la presencia de los humanos en la naturaleza. Porque cuando la tierra tiembla o los bosques arden es imposible evitarlo. Sucede. Lo que nos recuerda nuestra frágil presencia en este planeta. Y lo mismo lo viven las otras especies que lo habitan. Inevitable. Ahora bien, en el caso de los seres humanos y el asentamiento que desde hace diez mil años venimos haciendo sobre la tierra la cosa se complica quizás un poco más. Por la misma realidad de haber detenido nuestra existencia como nómadas para dar paso a la vida sedentaria de aldeas, poblados y ciudades; las catástrofes se multiplican en sus efectos de manera exponencial por el crecimiento de la población asentada. Desde esta realidad lo que nos queda es prevenir. Construir mejor, gestion...